A partir del contenido de la Encíclica "Magnífica Humanitas" del Papa León XIV, que aborda el tema complejo de la inteligencia artificial a través de diversos ángulos, es muy relevante destacar la frase de "la custodia de la persona humana".Un mensaje clave es que una “magnífica humanidad” se nutre del cultivo de habilidades relacionales entre humanos y, después, de las capacidades para convivir, coordinarse y gobernar la relación con agentes artificiales autónomos.
Esta revolución tecnológica-cognitiva de la IA puede amplificar capacidades humanas, pero también puede erosionar los cimientos y la evolución durante siglos del Homo Sapiens, si se usa sin las fortalezas propias de la conciencia, de los vínculos y de los límites éticos.
Por eso el cultivo de habilidades cognitivas y relacionales es más relevante que nunca.
Debe ser un ejercicio cotidiano, una convicción y un desafío permanente.
- Escucha activa. Comprender de verdad lo que la otra parte quiere decir, no solo oír palabras.
- Empatía. Percibir estados, necesidades y contextos ajenos sin reducir a la otra persona a un dato o función.
- Comunicación clara. Expresar ideas, límites y acuerdos de forma simple y verificable, especialmente en entornos humano-máquina.
- Confianza. Construir expectativas confiables mediante coherencia, transparencia y cumplimiento.
- Colaboración. Coordinar roles, objetivos y responsabilidades para crear algo que nadie lograría solo.
- Negociación. Manejar intereses en tensión sin destruir el vínculo, buscando soluciones mutuamente aceptables.
- Gestión del conflicto. Discutir desacuerdos sin agresión, con capacidad de reparación y aprendizaje.
- Juicio crítico. Evaluar argumentos, sesgos y consecuencias antes de delegar decisiones o aceptar automatizaciones.
- Responsabilidad. Asumir consecuencias por decisiones propias y por el uso de sistemas autónomos.
- Coordinación ética. Alinear acción, reglas y fines humanos cuando intervienen tecnologías autónomas.
En el nuevo entorno de una sociedad invadida (y con riesgo alto de control) por los alcances e impactos crecientes de agentes artificiales autónomos se encienden alertas para activar habilidades cognitivas y relacionales en un procesos de transformación y adopción de competencias funcionales que nos permitan adaptarnos de manera oportuna y flexible a la nueva época histórica.
Tenemos que resolver problemas esenciales propios de nuestra humanidad para lograr un bienestar que hasta ahora ha quedado como deuda para millones de personas en todos los continentes.
Tenemos que asumir, con optimismo, que la IA, con su capacidad de desarrollo exponencial se haga cargo de tareas rutinarias y también aporte soluciones que requieren procesos complejos.
Los agentes artificiales autónomos se encargan de las ejecuciones y los humanos nos concentramos en la definición de criterios, en la orquestación y en las decisiones superiores, con énfasis en lo creativo y lo ético.
Por supuesto lo anterior implica que tenemos que elevar el valor de las dinámicas de interacción humana (el decálogo consignado más arriba), donde los métodos y prácticas de aprendizaje (la educación) requieren una transformación y actualización que hasta ahora no han sido prioritarias.
Los entornos de trabajo cambian más rápido y exigen aprender, desaprender y reorganizarse cada vez con mayor frecuencia.
El liderazgo, la empleabilidad y la convivencia social adquieren hoy nuevos significados y nuevas manifestaciones.
Más allá de los temores y de las incertidumbres, efectivamente lo más importante es tener muy presente las condiciones de nuestra "Magnífica Humanidad".