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El libro El día que inventamos la realidad de Javier Argüello plantea que la realidad es un invento relativamente reciente, construido históricamente a partir de mitologías y relatos que cada cultura ha creado para dar sentido al mundo.
Argüello destaca que fue Heródoto, en el siglo IV a.C., quien marcó un cambio decisivo al diferenciar entre hechos ficticios y hechos realmente ocurridos, sentando las bases de la historia como disciplina que reemplaza al mito y funda la cultura occidental8.
: Es la que existe independientemente de las creencias humanas, como la gravedad o las montañas.
: Es la que depende de los sentimientos o creencias de un individuo, como el dolor o el placer.
: Es la que surge de las creencias compartidas y la comunicación entre muchas personas. No depende de una sola mente, sino de una red social de mentes que aceptan y refuerzan colectivamente una historia, un mito, una institución o un valor.
Ejemplos de realidades intersubjetivas son el dinero, las naciones, las religiones, los derechos humanos o las empresas: ninguna de estas entidades tiene existencia objetiva en la naturaleza ni es solo una experiencia individual, pero existen y condicionan la vida humana porque muchas personas creen en ellas y actúan en consecuencia.
Harari sostiene que estas realidades intersubjetivas son la base de la cooperación masiva y la organización social de Homo sapiens. Los humanos, a diferencia de otros animales, pueden crear y sostener mitos, relatos y sistemas simbólicos que unen a millones de personas en torno a proyectos, leyes o valores comunes.
Si la gente deja de creer en una realidad intersubjetiva (como el valor del dinero o la legitimidad de una nación), esa realidad desaparece en la práctica y eso tiene un enorme impacto en la historia y la vida humana porque es la base de la cooperación y la construcción de sociedades complejas.
Según Harari, lo que distingue a Homo sapiens no es solo la inteligencia individual, sino la capacidad colectiva de “tejer una red intersubjetiva de sentido”, es decir, de crear y compartir relatos, mitos, leyes, religiones, dinero y otras entidades que existen únicamente en la imaginación común y en la comunicación entre muchas personas.
CONFIANZA.
Tenemos que confiar más en los seres humanos que en los sistemas de inteligencia artificial.
El autor de Nexus o Sápiens también recuerda que la historia demuestra como las revoluciones tecnológicas anteriores, como la revolución industrial o la aparición de internet, han comportado periodos largos de experimentación social destructiva, como el imperialismo, el fascismo o el comunismo, antes de encontrar formas estables de sociedad. Por eso insiste en que es urgente regular ahora la inteligencia artificial para evitar repetir estos errores históricos: “No nos podemos permitir otro ciclo de totalitarismo, imperialismo o guerras mundiales”.
A pesar de todo, Harari parece mantener una actitud prudentemente realista. El alabado historiador considera que la humanidad todavía tiene los recursos, la tecnología y la sabiduría necesaria para hacer frente a retos globales tan críticos como el cambio climático o el desarrollo ético de la IA.
Concluye: “Todavía estamos a tiempo de evitar los peores escenarios. Es responsabilidad nuestra decidir hacia dónde dirigimos esta evolución tecnológica”.
Fuente: Diario La Vanguardia