viernes, 30 de enero de 2026

Ecos de Davos (3): Ya pasamos de la IA que solamente contestaba...a la IA que ejecuta y aprende


En Davos 2026, uno de los momentos destacados fue la conversación entre Demis Hassabis (director ejecutivo de Google DeepMind) y Dario Amodei, (director ejecutivo de Anthropic, la empresa creadora de Claude), moderada por Zanny Minton Beddoes, Editora en Jefe de la revista The Economist.

La conversación marcó la ruta de lo que viene, en palabras de dos titanes de la revolución cognitiva que estamos viviendo en tiempo real, con mucha prisa y sorpresas permanentes.

Demis Hassabis, que recibió el Premio Nobel de Química (anunciado a finales de 2024) por sus avances en la predicción de estructuras de proteínas con IA, adopta una postura más cautelosa y reflexiva, enfocada en las limitaciones actuales de la IA y sus desafíos filosóficos. Con su perspectiva desde la neurociencia y los juegos (AlphaGo), prioriza la resolución de problemas globales y la colaboración internacional, reconociendo el potencial transformador pero destacando fricciones reales que ralentizan el progreso.

Hassabis dijo que para fines de este año, Google DeepMind podría lograr el "aprendizaje continuo" y que quedan pocos avances técnicos para alcanzar la inteligencia artificial general (IAG) que es una capacidad que iguala o supera la inteligencia humana promedio en prácticamente cualquier tarea intelectual que un ser humano pueda realizar.

El referente líder de Google en IA definió el aprendizaje continuo -siempre emulando a la inteligencia humana- como la capacidad de un sistema de IA para aprender de manera progresiva y autónoma a lo largo del tiempo, incorporando nuevos datos y experiencias, sin olvidar el conocimiento previo (un problema común que los expertos llaman "olvido catastrófico"). Su visión prospectiva es que hay un 50% de probabilidades de que la inteligencia artificial general sea una realidad antes del 2030.

Por su parte, Dario Amodei mantuvo la estimación de que este año o el próximo ya veremos a la inteligencia artificial alcanzar la capacidad intelectual de un Premio Nobel gracias a los avances de la "retroalimentación positiva" que usan los modelos de entrenamiento de la IA actual. En Anthropic -dijo- los ingenieros de software, prácticamente, ya no escriben código para la programación de sus procesos. Lo hace la IA. Los humanos supervisan.

Muchos de los temas de preocupación de Amodei los sintetiza en lo que llama la "adolescencia tecnológica" de la humanidad (una metáfora inspirada en la película Contact, donde la supervivencia depende de manejar el poder propio, sin autodestruirse).

El fundador de Anthropic advierte sobre un "shock exponencial" en el mercado laboral, donde el PIB crece rápidamente mientras el desempleo sube, especialmente en puestos junior (hasta 50% en 1-5 años). No se trata de una transición gradual como la Revolución Industrial, sino de un cambio que podría "abrumar nuestra capacidad de adaptación". Propone redistribuir la riqueza generada por la IA mediante políticas públicas, pasando de limitar el crecimiento a compartir sus beneficios para evitar desigualdades masivas. En su empresa, ya anticipa contratar menos personal intermedio y junior, pese a las impresionantes cifras de crecimiento.

Antes de que aumente la ansiedad por la vorágine IA, tiene más sentido adoptar lo que hoy es una ventaja y una oportunidad.
Estamos en la transición, de la fase 1 de la inteligencia artificial generativa, que partió en noviembre del año 2022 cuando nos empezamos a asombrar porque ChatGPT nos daba respuestas a todas nuestras preguntas sobre cualquier tema, a una fase 2, con nombre raro: IA "agéntica".

Para decirlo en simple, pasamos de la etapa de "chatear" con la IA, a la impresionante experiencia de colaboración explícita, activa y eficiente de una tecnología que usa sus cerebros sintéticos operando en modo automático, para aportarnos conocimientos y solucionarnos problemas del día a día.

Ahora, a comienzos del 2026, la IA se transforma en agentes ejecutores que analizan, sintetizan, corrigen, proponen, editan, generan y evalúan proyectos y mucho más que sería largo detallar.

Esta IA percibe su entorno, razona sobre cómo lograr un objetivo, planifica pasos, usa herramientas externas (navegadores, bases de datos, otros agentes), ejecuta acciones, se adapta si algo falla y aprende de los resultados para mejorar iterativamente.

Después de escuchar atentamente a Hassabis y Amodei, es inevitable preguntarse -con serenidad- cuál es el horizonte cognitivo del Homo Sapiens.

Ese es el tema de una próxima columna.

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lunes, 26 de enero de 2026

Ecos de Davos (2): China y Estados Unidos con sus mensajes cruzados...

 


Escuchar discursos de los grandes líderes en el Foro Económico Mundial de Davos 2026 puede ser una experiencia muy cercana a las series de ficción en Netflix, que se inspiraron en hechos reales.

Hay quiebres en la lógica de los relatos y fracturas retóricas profundas y desconcertantes.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump entró al escenario con su estilo casi monárquico y con un discurso nacionalista e hiper-transaccional.

El viceprimer ministro de la República Popular China, He Lifeng, hizo gala de esa parsimonia oriental milenaria que impacta por la forma inmutable de las expresiones y confunde, a veces, por las inconsistencias casi doctrinarias del relato. 

La alta autoridad china llamó  en Davos "construir puentes, no muros". Criticó de manera convincente las guerras comerciales ("no tienen ganadores") y pareció muy convencido de que es necesario defender la globalización tradicional.

El presidente Trump, por su parte, eliminó de su glosario político toda invitación a la colaboración internacional y repitió, con distintas palabras y en diferentes tonos, el mensaje de ultimátum, que en el caso de Groenlandia, subraya una política exterior que mezcla el comercio internacional con la coacción simple y clara.
Los aranceles ya no son para proteger industrias, sino para comprar territorios o lealtades políticas.

La gran ironía de Davos 2026 es que el país considerado estandarte del orden liberal (EE. UU.) nos impacta, a través de su autoridad máxima, con amenazas de dinamitar los cimientos que han servido durante décadas para mantener relativos equilibrios internacionales.
China, por otra parte, con su historia de autoritarismo implacable, se muestra como el tambor mayor que marca el ritmo atractivo de una banda que, curiosamente, ahora promueve los principios de un mercado global abierto. Es una bienvenida  a los vaivenes de transacciones, estratégicamente selectivas, que son una defensa muy interesada del libre comercio.
Todo suena tan capitalista, como oportunista.

En Davos 2026, presenciamos el fin de una ortodoxia geopolítica.
Estados Unidos se ha convertido en una "potencia revolucionaria". Quiere derribar el orden establecido para reconstruirlo a su favor, con determinación exclusiva.
China se ha convertido en una "potencia conservadora". Quiere preservar el orden liberal-comercial (aunque no el político) porque es el marco donde mejor proyecta su influencia global.

En Davos 2026, los discursos de las autoridades de China y Estados Unidos me hicieron recordar lo que decían las operadoras telefónicas en la década de los ´60, cuando fallaban las conexiones hechas con clavijas manuales: "se cruzaron las líneas...".

domingo, 25 de enero de 2026

Ecos de Davos (1): El nuevo mundo, según el premier canadiense Mark Carney


El Foro Económico Mundial de Davos es un caso interesante de ágora, modo siglo XXI.

En el espectacular enclave montañoso y nevado de Suiza, se reunieron cerca de 3 mil líderes económicos y políticos, entre ellos 1.700 representantes empresariales de 130 países, alrededor de 60 ministros de Economía y Finanzas, además de una treintena de ministros de Comercio y de Asuntos Exteriores. 

Recordemos que el Foro de Davos partió con la crisis del petróleo a comienzos de los años 70 y se mantiene vigente, ahora con la irrupción de la inteligencia artificial y el desmoronamiento del orden internacional instaurado después de la segunda Guerra Mundial.

Como anécdota, la versión 2026 de Davos es la primera sin la clásica bienvenida de su fundador, Klaus  Schwab, que renunció a su presidencia después de medio siglo de liderazgo de estos encuentros para discutir desafíos globales.

Tampoco vimos este año pasearse por los pasillos del resort suizo a rock stars, como Bono (cantante de U2) o figuras de Hollywood, como Sharon Stone, que captaron la atención de la prensa hace dos décadas. 

La estrella de Davos 2026 fue el primer ministro de Canadá, Mark Carney.
Su discurso ha sido visto por centenares de miles de personas en todo el mundo. Hay innumerables columnas, reportajes y artículos amplificando e interpretando su potente mensaje.
Para muchos, se trató de una pieza histórica que marca un giro en la política exterior canadiense y que es una respuesta contundente a los anuncios, ironías y amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. También es un firme llamado a la acción para las llamadas "potencias medias".

Bajo el título "Con principios y pragmatismo: el camino de Canadá", Carney entregó un análisis crudo sobre el estado del mundo y una estrategia para navegar la nueva era de rivalidad y predominio de Estados Unidos, China y Rusia, las grandes potencias.

Carney declaró que el orden internacional basado en reglas, liderado por Estados Unidos, no está en transición, sino que ha sufrido una "ruptura" permanente.
Con un realismo sin maquillaje, describió el sistema actual como una "ficción agradable" que ha terminado dando paso a una situación donde la geopolítica de las grandes potencias no tiene límites ni restricciones.
Señaló que el antiguo orden a menudo se invocaba de manera selectiva o asimétrica, aplicándose con rigor a los países pequeños mientras las potencias se eximían cuando les convenía.

El premier canadiensae denunció que las grandes potencias han comenzado a usar la integración económica, los aranceles y la infraestructura financiera como armas de coerción y herramientas de poder.

Su frase más impactante, como  mensaje y advertencia para la opinión pública de las potencias medias (como Canadá, los países de la Unión Europea o la India) es que deben actuar juntas, pues "si no estás sentado a la mesa, estás en el menú".

Como en todo buen discurso político, Carney usó etiquetas y giros de lenguaje, para asegurarse que sus opiniones calen fuerte en ciudadanos globales que están cada vez más acostumbrados al estilo telegráfico, sucinto, figurativo y magnético del mundo online.

Argumentó que negociar bilateralmente con un "hegemón" (entidad que ejerce una supremacía sobre otros, ya sea política, económica, militar) es una posición de debilidad, no es soberanía. Más bien es una "actuación de soberanía mientras se acepta la subordinación".

Propuso un enfoque de "realismo basado en valores", que implica aceptar el mundo tal como es (pragmatismo) sin renunciar a la defensa de los derechos humanos, la sostenibilidad y la integridad territorial (principios).

Sugirió crear "coaliciones de voluntad" o asociaciones de "geometría variable": diferentes grupos de países trabajando juntos en temas específicos donde comparten intereses y valores, en lugar de depender de instituciones globales debilitadas.
De igual modo, instó a los países a desarrollar capacidad para alimentarse, proveerse de energía y defenderse por sí mismos para reducir su vulnerabilidad.

En cuanto a Canadá, mencionó acuerdos y negociaciones estratégicas fuera de la dependencia tradicional con EE.UU., incluyendo a la Unión Europea, India, Mercosur y China (especialmente en el sector de vehículos eléctricos).
Destacó medidas nacionales como recortes de impuestos a la inversión, eliminación de barreras al comercio interno y una inversión masiva en IA, energía y minerales críticos.

Carney confirmó que Canadá duplicará su gasto en defensa para finales de la década y reafirmó su apoyo "inquebrantable" a la soberanía de Groenlandia y Dinamarca frente a presiones externas.

En resumen, el discurso fue un rechazo a la nostalgia de un orden pasado y una invitación a construir un nuevo sistema de cooperación entre países que, aunque no sean superpotencias, pueden ejercer una influencia colectiva para proteger el progreso y la justicia.

En la próxima columna Ecos de Davos compartiré impresiones sobre el sorprendente contraste entre los mensajes (y estrategias globales) del viceprimer ministro de China, He Lifeng, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Claramente, este mundo del siglo XXI está en una transformación que tiene más incertidumbres que señales de un espíritu de diálogo, como fue el lema de esta versión de Davos 2026.

viernes, 16 de enero de 2026

Chile y su desarrollo descentralizado: las regiones siguen esperando...


El presidente del Colegio de Ingenieros de Chile, Hernán de Solminihac,
 escribió hace unos días una columna en el Diario La Tercera, titulada "La voz de los territorios".

Si bien la publicación está enfocada en la iniciativa llamada "Minería en ruta", una plataforma creada para articular y potenciar proyectos mineros en distintas regiones del país, hay referencias a temas genéricos sobre los desafíos y oportunidades para construir una visión compartida del desarrollo de Chile, que considere las necesidades y aportes de todas las regiones.

En ese contexto es oportuno mencionar el Proyecto-País del Colegio de Ingenieros de Chile que desde hace más de veinte años, ha planteado diagnósticos y propuestas para promover el desarrollo descentralizado de Chile, desde múltiples perspectivas con aportes de reconocidos expertos en un amplio abanico de disciplinas académicas y profesionales.

En la misma línea de visión estratégica, el inspirador de esa iniciativa del Colegio de Ingenieros, Gastón L´Huillier, ha liderado durante la última década, la Fundación Chile Con Todo (CCT), creada para llevar a la acción -entre otros temas- las ideas, estudios y propuestas del Proyecto-País 2050.
La misión de Chile con Todo es articular capacidades, comunidades y voluntades para impulsar iniciativas concretas que contribuyan al desarrollo sostenible, humano y descentralizado de Chile. Actúa como un puente entre el conocimiento estratégico y su implementación real en los territorios.

Un caso exitoso de esta iniciativa para la activación de proyectos con visión regional es #AricaConTodo  que a partir del año 2013 se constituyó como una experiencia piloto en modalidad de red ciudadana de participación y colaboración.
Se logró generar en esa región las primeras acciones con resultados positivos en ámbitos como el comercio, industria, turismo, deportes, servicios portuarios, acuicultura, energía y también en temas de identidad regional como la herencia de los pueblos originarios, que logró movilizar a más de 300 líderes de organizaciones y empresas, expertos en una diversidad de áreas temáticas, también a universidades y  emprendedores.
Cabe destacar que este movimiento captó el interés de muchos grupos de jóvenes, todos comprometidos
 con el desarrollo integral y sostenible de Arica y Parinacota. 

Otro hito relevante en este esfuerzo colectivo en pos de la descentralización de Chile, en el que tuvo activa participación la Fundación Chile con Todo, ocurrió el año 2013 cuando se sumaron aportes ciudadanos en un evento realizado en la sede del Congreso Nacional en Santiago. 
En esa ocasión, el aporte también de la Fundación Chile Descentralizado… Desarrollado, con todos sus Capítulos Regionales, más la participación de 50 organizaciones públicas y privadas, permitió que los precandidatos presidenciales recibieran la propuesta para crear la Comisión de Estado para la descentralización y la elección de Gobernadores Regionales elegidos democráticamente, lo que se concretaría  el año 2021.

Desde entonces, el debate sobre desarrollo territorial descentralizado en Chile ha avanzado desde reformas administrativas hacia modelos más democráticos y participativos, con nuevas leyes que han sido un avance importante, pero que todavía deja en evidencia que hay muchos asuntos pendientes.

La iniciativa más reciente, con visión estratégica para un desarrollo descentralizado y sostenible de Chile, fue anunciada por la Fundación Chile Con Todo con una propuesta de diseño y ejecución de Ecoparques Industriales, que son espacios productivos en distintas regiones, diseñados para acelerar la transición hacia una economía sostenible. La propuesta permite un mejor resultado económico, social y ambiental, considerando que se pueden superar barreras limitantes, porque los permisos comunes, incluyendo agua, energía, suelo y medio ambiente, se gestionan de forma colectiva y anticipada.

Los Ecoparques Industriales son posibles gracias a la articulación de alianzas público–privadas, impulsadas por la Fundación Chile con Todo, junto a gobiernos regionales, universidades y empresas nacionales e internacionales.

Este modelo estratégico considera factores habilitantes para evitar una nueva década de estancamiento en nuestro país y consolidar a Chile como un hub mundial  de desarrollo sostenible en rubros como energía limpia, servicios digitales, servicios logísticos, alimentos, minerales y madera, entre otros recursos, con ventajas a nivel global.


Para comenzar este año 2026 con un aporte proactivo de la Fundación Chile con Todo a la aspiración de lograr un desarrollo descentralizado y sostenible del país, un grupo de profesionales consultores de diversas especialidades y de todas las regiones de Chile, hemos acordado realizar un ciclo de Conversatorios Online (#Transformaciones2050) que estará disponible a partir de febrero en Canal-i en YouTube.


Las regiones siguen esperando que se cumpla la promesa política del desarrollo descentralizado de Chile.
En el comienzo de un nuevo año, y de un nuevo Gobierno, los ciudadanos que habitan el territorio chileno, más allá de los límites de la región metropolitana, merecen ver acciones concretas y logros en la dirección correcta.

viernes, 9 de enero de 2026

No hay nada como un sueño para crear el futuro

 Cada cierto tiempo, cuando escucho un discurso político o una discusión entre expertos en temas de cambios tecnológicos, prendo el computador, reviso archivos de un par de décadas atrás y concluyo, con muy poco asombro, que las palabras vuelan y los hechos se diluyen o se atascan a medio camino.


Hay muchos ejemplos. Voy a referirme a un tema que me permite aseverar lo que escribo porque ha sido parte de vivencias personales y experiencias profesionales, como le ha ocurrido a miles de personas en nuestro país.

Se trata de la muy legítima aspiración, llena de expectativas, para lograr que Chile se convierta en un país desarrollado.
Lo soñamos para el año 2000.
Luego para el simbólico año bicentenario, 2010.
Después escuchamos los proyectos para lograrlo, con todo el corazón, el año 2020.
Ahora, hay pocos ingenuos que se atreven a esperar algo para el año 2030.
En realidad, las proyecciones más serias y responsables nos dicen que lo más prudente es pensar -y trabajar- para que el sueño del Chile desarrollado se pueda cumplir un poco antes del año 2050.

Para convencerme de que los procesos de cambios profundos -transformaciones estructurales y culturales- toman más tiempo de lo que nos dicen los políticos y muchos expertos, recuperé de mi archivo una revista que sintetizaba lo que se llamó el proyecto "Chile Digital Bicentenario".
Se trató de una gran iniciativa público-privada realizada el año 2003, con la participación y aporte de miles de personas de las más variadas vertientes académicas, empresariales, tecnológicas y culturales.

Durante una intensa semana se realizaron foros, charlas, coloquios y exposiciones simultáneas en distintos lugares, con una sede principal en lo que entonces se llamaba Edificio Diego Portales, hoy Centro Cultural Gabriela Mistral.
Las conclusiones de ese Encuentro Nacional Chile Digital se llevaron a la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, que se realizó en diciembre de 2003 en Ginebra, Suiza.

Traigo a la memoria este evento simbólico porque el sueño, la esperanza, los proyectos y los desafíos se sintetizaron en una gráfica que hoy, después de varios periodos presidenciales,  me parece tan sólida y tan vigente -también pendiente- como hace más de dos décadas.

El proyecto Chile Digital del Bicentenario, se condensó en cinco anillos temáticos, cinco ámbitos para transformar conversaciones en acciones.

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1. Gobernar y Representar: Abrir canales de relación permanente y transparente entre los ciudadanos y sus representantes para una nueva forma de gobernabilidad.

2. Aprender: El desafío de la revolución del conocimiento exige una educación con estándares globales para ser un país más competitivo.

3. Acceder y Participar: Aprovechar las redes de información para potenciar vínculos ciudadanos en una democracia participativa

4. Crear y comunicar: Promover nuevas formas de expresión cultural en un entorno social y territorial que permita una calidad de vida integral para toda la población.

5. Investigar, Emprender e Innovar: Estrechar la colaboración entre el Estado, las empresas y las universidades para generar proyectos innovadores y productivos.

Estamos empezando el año 2026 y todos tenemos derecho a mantener vivas nuestras esperanzas. A imaginar, con inspiración y visión optimista, un Chile desarrollado, con bienestar compartido.

Buena oportunidad para recordar a Victor Hugo, el novelista y poeta francés del siglo XIX:
"No hay nada como un sueño para crear el futuro".
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