lunes, 26 de enero de 2026

Ecos de Davos (2): China y Estados Unidos con sus mensajes cruzados...

 


Escuchar discursos de los grandes líderes en el Foro Económico Mundial de Davos 2026 puede ser una experiencia muy cercana a las series de ficción en Netflix, que se inspiraron en hechos reales.

Hay quiebres en la lógica de los relatos y fracturas retóricas profundas y desconcertantes.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump entró al escenario con su estilo casi monárquico y con un discurso nacionalista e hiper-transaccional.

El viceprimer ministro de la República Popular China, He Lifeng, hizo gala de esa parsimonia oriental milenaria que impacta por la forma inmutable de las expresiones y confunde, a veces, por las inconsistencias casi doctrinarias del relato. 

La alta autoridad china llamó  en Davos "construir puentes, no muros". Criticó de manera convincente las guerras comerciales ("no tienen ganadores") y pareció muy convencido de que es necesario defender la globalización tradicional.

El presidente Trump, por su parte, eliminó de su glosario político toda invitación a la colaboración internacional y repitió, con distintas palabras y en diferentes tonos, el mensaje de ultimátum, que en el caso de Groenlandia, subraya una política exterior que mezcla el comercio internacional con la coacción simple y clara.
Los aranceles ya no son para proteger industrias, sino para comprar territorios o lealtades políticas.

La gran ironía de Davos 2026 es que el país considerado estandarte del orden liberal (EE. UU.) nos impacta, a través de su autoridad máxima, con amenazas de dinamitar los cimientos que han servido durante décadas para mantener relativos equilibrios internacionales.
China, por otra parte, con su historia de autoritarismo implacable, se muestra como el tambor mayor que marca el ritmo atractivo de una banda que, curiosamente, ahora promueve los principios de un mercado global abierto. Es una bienvenida  a los vaivenes de transacciones, estratégicamente selectivas, que son una defensa muy interesada del libre comercio.
Todo suena tan capitalista, como oportunista.

En Davos 2026, presenciamos el fin de una ortodoxia geopolítica.
Estados Unidos se ha convertido en una "potencia revolucionaria". Quiere derribar el orden establecido para reconstruirlo a su favor, con determinación exclusiva.
China se ha convertido en una "potencia conservadora". Quiere preservar el orden liberal-comercial (aunque no el político) porque es el marco donde mejor proyecta su influencia global.

En Davos 2026, los discursos de las autoridades de China y Estados Unidos me hicieron recordar lo que decían las operadoras telefónicas en la década de los ´60, cuando fallaban las conexiones hechas con clavijas manuales: "se cruzaron las líneas...".

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