domingo, 25 de enero de 2026

Ecos de Davos (1): El nuevo mundo, según el premier canadiense Mark Carney


El Foro Económico Mundial de Davos es un caso interesante de ágora, modo siglo XXI.

En el espectacular enclave montañoso y nevado de Suiza, se reunieron cerca de 3 mil líderes económicos y políticos, entre ellos 1.700 representantes empresariales de 130 países, alrededor de 60 ministros de Economía y Finanzas, además de una treintena de ministros de Comercio y de Asuntos Exteriores. 

Recordemos que el Foro de Davos partió con la crisis del petróleo a comienzos de los años 70 y se mantiene vigente, ahora con la irrupción de la inteligencia artificial y el desmoronamiento del orden internacional instaurado después de la segunda Guerra Mundial.

Como anécdota, la versión 2026 de Davos es la primera sin la clásica bienvenida de su fundador, Klaus  Schwab, que renunció a su presidencia después de medio siglo de liderazgo de estos encuentros para discutir desafíos globales.

Tampoco vimos este año pasearse por los pasillos del resort suizo a rock stars, como Bono (cantante de U2) o figuras de Hollywood, como Sharon Stone, que captaron la atención de la prensa hace dos décadas. 

La estrella de Davos 2026 fue el primer ministro de Canadá, Mark Carney.
Su discurso ha sido visto por centenares de miles de personas en todo el mundo. Hay innumerables columnas, reportajes y artículos amplificando e interpretando su potente mensaje.
Para muchos, se trató de una pieza histórica que marca un giro en la política exterior canadiense y que es una respuesta contundente a los anuncios, ironías y amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. También es un firme llamado a la acción para las llamadas "potencias medias".

Bajo el título "Con principios y pragmatismo: el camino de Canadá", Carney entregó un análisis crudo sobre el estado del mundo y una estrategia para navegar la nueva era de rivalidad y predominio de Estados Unidos, China y Rusia, las grandes potencias.

Carney declaró que el orden internacional basado en reglas, liderado por Estados Unidos, no está en transición, sino que ha sufrido una "ruptura" permanente.
Con un realismo sin maquillaje, describió el sistema actual como una "ficción agradable" que ha terminado dando paso a una situación donde la geopolítica de las grandes potencias no tiene límites ni restricciones.
Señaló que el antiguo orden a menudo se invocaba de manera selectiva o asimétrica, aplicándose con rigor a los países pequeños mientras las potencias se eximían cuando les convenía.

El premier canadiensae denunció que las grandes potencias han comenzado a usar la integración económica, los aranceles y la infraestructura financiera como armas de coerción y herramientas de poder.

Su frase más impactante, como  mensaje y advertencia para la opinión pública de las potencias medias (como Canadá, los países de la Unión Europea o la India) es que deben actuar juntas, pues "si no estás sentado a la mesa, estás en el menú".

Como en todo buen discurso político, Carney usó etiquetas y giros de lenguaje, para asegurarse que sus opiniones calen fuerte en ciudadanos globales que están cada vez más acostumbrados al estilo telegráfico, sucinto, figurativo y magnético del mundo online.

Argumentó que negociar bilateralmente con un "hegemón" (entidad que ejerce una supremacía sobre otros, ya sea política, económica, militar) es una posición de debilidad, no es soberanía. Más bien es una "actuación de soberanía mientras se acepta la subordinación".

Propuso un enfoque de "realismo basado en valores", que implica aceptar el mundo tal como es (pragmatismo) sin renunciar a la defensa de los derechos humanos, la sostenibilidad y la integridad territorial (principios).

Sugirió crear "coaliciones de voluntad" o asociaciones de "geometría variable": diferentes grupos de países trabajando juntos en temas específicos donde comparten intereses y valores, en lugar de depender de instituciones globales debilitadas.
De igual modo, instó a los países a desarrollar capacidad para alimentarse, proveerse de energía y defenderse por sí mismos para reducir su vulnerabilidad.

En cuanto a Canadá, mencionó acuerdos y negociaciones estratégicas fuera de la dependencia tradicional con EE.UU., incluyendo a la Unión Europea, India, Mercosur y China (especialmente en el sector de vehículos eléctricos).
Destacó medidas nacionales como recortes de impuestos a la inversión, eliminación de barreras al comercio interno y una inversión masiva en IA, energía y minerales críticos.

Carney confirmó que Canadá duplicará su gasto en defensa para finales de la década y reafirmó su apoyo "inquebrantable" a la soberanía de Groenlandia y Dinamarca frente a presiones externas.

En resumen, el discurso fue un rechazo a la nostalgia de un orden pasado y una invitación a construir un nuevo sistema de cooperación entre países que, aunque no sean superpotencias, pueden ejercer una influencia colectiva para proteger el progreso y la justicia.

En la próxima columna Ecos de Davos compartiré impresiones sobre el sorprendente contraste entre los mensajes (y estrategias globales) del viceprimer ministro de China, He Lifeng, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Claramente, este mundo del siglo XXI está en una transformación que tiene más incertidumbres que señales de un espíritu de diálogo, como fue el lema de esta versión de Davos 2026.













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